miércoles, 20 de enero de 2010

hasta que cambie el viento

He de decir que procedo de una larga estirpe de historias de amor truncadas por la distancia y que al final lograron sobreponerse al océano atlántico, migraciones de aquí para allá, de allá para aquí, será quizás por esos antecedentes por lo que me resulta costoso sentir apego por los lugares, incluso por las personas (siempre hay excepciones) pero eso no es incompatible con la capacidad de querer.

No obstante, a mi no me salen las cosas como a mis antepasados, mas que nada porque no me da la gana, quizás sea la edad o posiblemente la cultura en la que he crecido , pero aferrarme de esa manera a algo o a alguien.. sencillamente no quiero.

Puedo decir que se lo que es una noche loca, pero también se lo que es ir a cenar con los padres de tu pareja, con la que llevas años, y lo que es la rutina. Pero me llegó un momento en el que necesitaba dejar de pensar en plural, sentirme un poco sola aprender a solucionar yo mis problemas sin llamar a nadie ( cosa que he hecho casi sistemáticamente ) en definitiva, ser independiente con todo lo que ello conlleva. Me lo debía a mi misma y era prácticamente esencial que lo hiciera, aunque solo fuera por ser honrada conmigo misma, todo esto coincide con un cambio de ciudad, de entorno, de casa y hasta gafas! me fuí sola y de momento aquí me quedo al menos hasta que cambie el viento.

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